Nuevo vídeo de Wild Honey “Horóscopo”

“Horóscopo”, por Mar Ordonez

Guillermo Farré de Wild Honey contactó conmigo por correo electrónico y, sin conocerme de nada, me propuso filmar su nuevo videoclip. La premisa fue que me inspirarse en algún tema de su nuevo disco, Torres Blancas. Me envió cinco canciones para que eligiera. Opté por “Horóscopo”, por diversas razones: belleza, estribillo pegadizo, evocaciones esotéricas…

Fue gracioso descubrir que Guille y yo compartíamos signo del zodíaco: Acuario. A partir de esa alegre coincidencia, decidí inventarme una diosa del signo Acuario. Mi diosa Acuario tiene el ánfora como símbolo, el agua como elemento y (a diferencia de Ramman, dios de la tormenta) pertenece a lo divino femenino. Estoy muy satisfecha por haber introducido un bello desnudo de mujer alejado del erotismo y la carnalidad, dotándolo de un aura mitológica.

El vídeo cuenta la historia cotidiana de un hombre tranquilo y austero (papel interpretado por Guille) que se va a cortar el pelo, llama por teléfono a una pitonisa y tiene sueños donde se mezcla realidad y fantasía. Todo ello unido por el agua salida del ánfora de la diosa Acuario, que se convierte en el elemento que riega las escenas y las enlaza. Aunque mi método de grabación fue bastante instintivo, me inspiré en el arte surrealista y experimental de cineastas como Maya Deren, Jean Cocteau y Kenneth Anger. Guille viajó expresamente a Barcelona para rodarlo, el equipo hizo un trabajo excelente y, después de todas nuestras evocaciones pluviales, al terminar el rodaje, llovió a cántaros.

 https://open.spotify.com/album/3G1qUQzrsghnYQj4p2OwAc

escucha “Torres Blancas” en Spotify

Mar Ordonez (Palma, 1986) es una artista visual afincada en Barcelona que trabaja principalmente con la fotografía analógica y el vídeoarte experimental. Conocida principalmente por sus retratos de mujeres desde una óptica singular, en sus creaciones se abordan temas como la identidad, el doble y el cuerpo como modo de expresión y lenguaje. Mar Ordonez entronca con la tradición surrealista tanto en la exploración del inconsciente como en la búsqueda incesante de la belleza. Sus breves películas invitan al espectador a convertirse en un vouyeur de historias íntimas, a veces incómodas, que oscilan entre el exhibicionismo irónico, el teatro del absurdo y los sueños que se vuelven pesadillas.

Guillermo Farré, cantante, multinstrumentista y cerebro que se esconde detrás del alias Wild Honey, entrega con su tercer disco “Torres Blancas” su más sorprendente colección de canciones, que le consolidan como uno de los compositores y productores más inventivos del pop español. En esta ocasión el madrileño contó entre sus colaboradores con Sean O’Hagan (The High Llamas, Stereolab), que compuso los cinematográficos arreglos de cuerdas del álbum, y con Frank Maston, que se encargó de los efectos y parte de la producción.
 
En “Torres Blancas” hay guitarras eléctricas con fuzz y trémolo, sintetizadores, mezcla de baterías con cajas de ritmos, clavicordios, pianos acuosos, guitarras acústicas cristalinas, miles de capas de coros, trompetas… y reverb infinita. El músico angelino Frank Maston, al que Pitchfork denominó “un genio del pop de dormitorio” dio el último empujón a la producción usando delays de cinta y todo tipo de efectos para conseguir que las canciones de “Torres Blancas“, en palabras del propio Maston, “parezcan salidas del fondo de un mar en calma bañado por miles de rayos de sol”.

 wkfoto: Bernardo Pérez. “Así suena Torres Blancas” El País

Os voy a contar el secreto de estas canciones, por Miqui Otero

A veces no sé si eso que crepita es una hoguera ardiendo o un vinilo girando. Pero cuando oigo ese sonido en la primera canción de Torres Blancas me da igual, porque recuerdo que las dos cosas son lo mismo.  La lava de El volcán de Montserrat, el disco de Wild Honey arrancando: ya estoy en casa.

Muchos fines de semana Guille pone en internet la fotografía de un disco. Suele sostenerlo con la mano izquierda para disparar con la derecha. A veces, alineados como capas geológicas de una piedra de mil colores, aparecen lomos de otros discos; en otras ocasiones incluso se cuela una taza de café en el plano (casi lo huelo desde aquí). El texto siempre es el mismo: “Desayunando con…” Y entonces me imagino la música, cuando no la reconozco, y sé que así, pasando ese sábado o ese domingo están formándose nuevas canciones en su cabeza. Ahí, seguro, en su piso. Lo han dicho otros mejor que yo: todo lo malo sucede cuando sales de casa.

Dice que él compone como reacción a otras películas, libros, canciones que le gustan. Que sus temas son respuestas a los de otros. Satélites que brillan con luz de otros astros. Pero ya hay otro chaval en algún lugar contestando a los suyos, que ya brillan solos. Decía Joan Didion que maduras cuando llegas a la conclusión de que podrías quedar con tu antiguo yo y tomar un té con él y caerte bien. Y de eso va, entre otras cosas, este disco.

 Torres Blancas también habla de encontrar la sorpresa en la rutina y lo bonito entre lo feo, en una maniobra más intrépida que conformista. Siempre he pensado que un diamante brilla más en un cubo de basura que en un escaparate de una calle pija, que el oro es menos radiante en la moldura de un despacho ministerial que en la boca de alguien arruinado cuando sonríe.

Guille busca esos tesoros. Lo hace como uno más de los Archies en una novela de El club de los 5. Como un Bastián que escuchara discos escondido en el gimnasio del colegio y soñando que es Atreyu en una historia interminable, hacia Templos de Mil Puertas, por Caminos de los Deseos de la Verdadera Voluntad. Como en aquella canción de La Dama Se Esconde: “Son tres los niños que investigan algo increíble. Mi linterna es la mejor, brilla tanto es tan potente”. Ese tesoro que encuentra, por ejemplo, en esas Torres Blancas, unas torres madrileñas que parecen canutos de monedas de cobre demasiado usadas, al lado de una rotonda horrible, una extraña belleza de brutalismo arquitectónico. Lo hace, sí, con la capacidad de maravillarse de un niño pero con el bagaje de un treintañero: sentimental pero no sentimentaloide. Psicodélico sin ser histriónico. Tropical sin verbena. Os Mutantes versionando a The Carpenters. El pop arriesgado pero de la mejor tropicalia en canciones de soft pop repeinadas y dulces. A veces creo que ha inventado un género, pero aún no tengo claro cómo lo voy a llamar. Hay dos candidatos: pop psicodelicado o música tropicálida.

A mí, por ejemplo, Torres Blancas me recuerda a aquellas plazas españolas de ciudades con puerto que en su día trajeron plantas y flores de La Habana y que ahí siguen, explosivas en un lugar tranquilo, fuera de lugar o en el mejor lugar posible. También a esas cotorras americanas de color verde que de repente aparecen comiendo tus migas rodeadas de palomas grises de Barcelona (las trajeron hace tiempo y por lo visto escaparon del zoo).

Laten en estas canciones ritmos y pantones tropicales en fiestas sin salir de casa, las paredes empapeladas con papel estampado de palmeras más que palmeras reales; o fuegos artificiales explotando como palmeras más que palmeras de verdad. O, dicho de otro modo, Torres Blancas es apretar los puños escuchando una canción que te emociona mucho, pero escucharla a bajo volumen, en un susurro, o en los cascos, mientras la familia duerme. La euforia capturada en un tarro de mermelada.

A veces marco un número de información al azar a ver si suena Wild Honey en el hilo musical y me gustaría que Guille pusiera música a los capítulos de mi vida.

Hay aquí un mimo por el arreglo perfecto y por la frase bonita. Hay violines y “ven a buscarme”, “cascadas de esmeraldas” y ritmos fluorescentes, pop barroco y “nos parecemos demasiado”. Hay, también, fotos donde salías desenfocada, que son las mejores, porque así te recuerdo. Hay jerséis gris pálido en un día gris y también redobles favoritos.

Y también hay un momento verdaderamente emocionante, cuando habla de “mapas de zonas desiertas, enseñanzas esotéricas y del secreto de las fiestas”. Y quien haya leído esa novela preciosa, quien haya podido leer El secreto de las fiestas, emocionante como este disco, sabe que el único secreto de las fiestas es que nunca acaba el secreto de las fiestas. Como el secreto de la canción pop es que nunca acaba el secreto de la canción pop. Aunque algunos, como Guille, lo conozcan y lo compartan para que desayunemos mientras lo escuchamos.

 https://open.spotify.com/album/3G1qUQzrsghnYQj4p2OwAc

 

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